La increíble historia de Charlotte

Hubo una serie de experimentos que habían demostrado que el cannabidiol tenía efectos anticonvulsivantes. Entonces, los padres de Charlotte Figi, una niña con el Síndrome de Dravet, una epilepsia infantil intensa que causa hasta 300 crisis semanales y la muerte en pocos años, encargaron que se consiguiera una variante de cannabis que solo contuviera cannabidiol, para evitar los efectos psicoactivos que tiene el THC y potenciar los efectos terapéuticos del CBD.

Los padres consiguieron un extracto produciendo un aceite que era prácticamente cannabidiol puro y se lo empezaron a dar a Charlotte. En ese momento era una niña que convulsionaba muchas veces al día, no podía moverse, no se relacionaba con otros niños, no hablaba… Pero después de suministrarle el CBD el resultado fue increíble. Charlotte empezó a convulsionar tan solo una vez a la semana, a hablar, andar…

Cuando los padres dieron publicidad a estos resultados se produjo una especie de locura colectiva: estaban ofreciendo una esperanza a muchos padres de niños que tenían un cuadro que hasta entonces era totalmente desesperado.

Además, la historia de Charlotte ha provocado un aumento exponencial en la investigación sobre el CBD que ha llevado a descubrir, además de las propiedades antiepilépticas y antiespasmódicas, su efecto ansiolítico, antiinflamatorio, analgésico y neuroprotector.